sábado, 7 de mayo de 2011

Carla y Adrian: El amor bajo fuego


Entrevista Protagonistas de un desafío Dirigidos por Marcos Carnevale, estrenan el jueves “La guerra de los Roses”, que fue un éxito en cine, interpretado por Michael Douglas y Kathleen Turner. “No van a resistir las comparaciones”, bromean. Una trama con show, morbo e intensidad.


Día de semana, escenario del Maipo: Adrián Suar abraza y elogia a Carla Peterson. Cada tanto le hace chistes, con remates siempre cálidos, amables. En un rato, cuando empiece el ensayo de La guerra de los Roses , ya no serán dos amigos sino, ay, un matrimonio en tiempo de descuento. El sereno afecto dejará paso a la pasión terminal: hecha de desencanto, de reproches, de rabia, de destrucción, de ciega furia. El amplio campo de batalla conyugal. Pero eso será después, porque ahora posan para las fotos en las alturas de una escalera imponente, junto a una araña fastuosa que los acompañará en el paroxismo de la caída conjunta.

Desde la platea, Marcos Carnevale, director de esta puesta, da indicaciones. Lino Patalano (productor junto a Suar de la obra), les grita: “Quería mostrarles la zona en donde está el truco, pero no me dejan subir. Dicen que peso más que ustedes dos juntos”. El ambiente es distendido. La hipertensión beligerante llegará el jueves, cuando empiecen las funciones de esta comedia negrísima de Warren Adler, que Dany DeVito llevó al cine en los ‘80, con Michael Douglas y Kathleen Turner en los protagónicos.

Minutos más tarde, después de la sesión fotográfica, Suar se refiere a la gran araña como si no fuera un objeto. “Es hermosa: la vedette. Me animo a anticipar, a lo Guillermo Nimo (y alza su índice taxativo), que va a conmover. Va a provocar mucha adrenalina. Pensá en el vivo: algo puede fallar. Recién me asomé y me dio un poco de miedo. La caída va a ser electrizante. El espectador tendrá la chance de decir: estuve ahí la noche en que Suar quedó completamente cuadripléjico ”.

Durante el resto de la entrevista, hablará, con menos acidez, del “impacto” que provocará la obra. Seguro, categórico: sin buscar ni compartir explicaciones subliminales. “No me voy a hacer el raro. Es un matrimonio normal, de Floresta, de Pergamino, de Villa Crespo. Cuando el amor entre ellos ya no funciona, a la hora de separarse, afloran sus miserias, las que todos tenemos adentro. El tema es la intensidad del odio con que se agreden: podría ir de cero a diez, o de cero a veinte. Acá va de cero a cien. La obra tiene de todo: morbo, dinámica, divertimento, mucho show”.

Para bien o mal, todos van a compararla con la película.

Suar : Me apenan Michael Douglas y Kathleen Turner. Les tengo cariño. No van a resistir las comparaciones (ríe). No, en serio: esta obra es algo distinto, nunca la pensé en términos comparativos con la película.

Peterson : Una de las diferencias, como ocurre siempre en teatro, es que el público la va a ver ahí, sucediendo. La va a compartir también con el cuerpo.

¿Volvieron a ver la película? Peterson : La había visto en su momento. Hace poco me la compré en dvd, con los ensayos bien avanzados. Me pareció muy interesante la elección de escenas para esta puesta y el lenguaje teatral utilizado para narrar la historia. No la sentí lejana, como suele ocurrirme con obras extranjeras, sino muy familiar.

Suar : Te juro que yo volví a verla hace apenas una semana. Tampoco quería que me influyera.

Esta pareja, pasional a su modo, está en la primera etapa de su separación, ¿no? Un vínculo fuerte no se termina con el odio sino con la indiferencia o, en todo caso, con el cariño o con la resignación.

Suar : Tenés razón, absolutamente. Pero esta pareja no llega a completar ese ciclo. Ellos tuvieron un amor muy apasionado durante mucho tiempo, hasta que a ella le cayó la ficha, hizo un clic, y pasó del amor a decir a este pibe no me lo fumo más . Ahí aparece un nuevo escenario, que puede llevar a actos irracionales, terribles. Incluso a la muerte.

¿“La guerra...” provoca algo así como una “empatía negativa”? Suar : Sí, estoy seguro de que la gente va a sentirse superidentificada . El espectáculo tiene una alto voltaje de erotismo, de sensualidad, de corrosión. En su tono y en su lenguaje. Nunca hice un personaje que hablara así. No soy de putear, ni en la realidad ni en la ficción.

Este personaje es más antipático que los que solés hacer...

Suar : Sí, puede ser. Pero cuando recuerdo al personaje de Douglas me cuesta pensarlo en esos términos. Es un tipo que está muy abocado a su desarrollo personal. Tal vez se volvió un poco frío, menos conectado con ella.

¿Pero sentís que en este papel tenés que tener un registro distinto al que estás acostumbrado?Suar : Sí, si lo comparamos con las últimas dos películas que hice, Un novio para mi mujer eIgualita a mí . Pero tampoco lo veo tan lejano. No voy a hacer Ricardo III . Mentiría si te dijera que estoy trabajando un registro tan distinto de lo que yo puedo alcanzar como actor.

¿Los tensiona la cercanía del estreno o están acostumbrados? Peterson : Ahora no estoy tensa. Me pongo nerviosa el mismo día del estreno, o, a veces, me doy cuenta después de lo nerviosa que estaba. Aunque ya me han salido... vestigios de nervios.

Te señalás la zona del mentón y los labios. ¿Qué tipo de somatización sufrís? Peterson : No queda bien decirlo (ríe). Nada que no pueda disimularse con maquillaje.

Tu personaje de “Un año para recordar” (Telefe), como el de “La guerra...”, tiene problemas de pareja...

Peterson : Sí, y ahora más, porque está por divorciarse...

Suar : No van a robarnos, ¿no? No van a poner una araña...

Peterson : No nos da el presupuesto... Pero hay diferencias. Ana, mi personaje de la tele, no dio un solo paso. Mientras que Bárbara, la de La guerra..., construyó un matrimonio feliz, que ahora se termina, tal vez porque no se sintió acompañada.

Suar : Pero la obra no se centra en una mujer relegada ni en dos personas que se replantean salidas. Ambos van irracional, salvajemente hacia adelante. El resultado es un teatro sin red, a lo guapo.


Fuente: Clarin.com